INCERTIDUMBRE ANTE LAS PEDAGOGÍAS EMERGENTES
La calificada como “revolución tecnológica”, según diferentes indicadores, remueve los
cimientos de la sociedad contemporánea. Hasta se ha convertido en el comodín al que
recurrir para explicar casi cualquier situación. Sin embargo, transcurre en medio de no
pocas evidencias sobre “el carácter contradictorio del proceso de globalización y la diversidad
de las trayectorias tecnológicas y de sus efectos” (Castells, 2007: 176). A pesar
de lo cual prevalece un discurso en torno a las tecnologías dominado por los dogmatismos,
las promesas, las explicaciones causales y anticipación del futuro que luego no
coincide del todo con las experiencias de la vida diaria. La lógica que vertebra este discurso
descalifica cualquier observación crítica o cuestionamiento que pueda hacerse del
modelo social y político en el que se sustenta la citada revolución. Quienes practican la
“divergencia” discursiva tienen todas las probabilidades de ser desautorizados y etiquetados
de ludditas, indocumentados o trogloditas, y hace esta afirmación nada menos que
Stoll (2001: 95).
La convergencia tecnológica, como destacamos anteriormente, no es asunto exclusivo
de los laboratorios en los que se desarrolla la tecnociencia, sino que intervienen de forma
decisiva factores políticos, económicos, sociales y culturales. La convergencia a
todos los efectos, es parte sustantiva de la globalización o mundialización en tanto que
nombra la fase actual del capitalismo. La sutil función de mediación que ejercen hoy
estas tecnologías integradas, remite a “nuevos modos de percepción y de lenguaje, a
nuevas sensibilidades y escrituras”. Lo cual contribuye a un “fuerte emborronamiento
de las fronteras entre razón e imaginación, saber e información, naturaleza y artificio,
arte y ciencia, saber experto y experiencia profana” (Martín-Barbero, 2007: 73).
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